Del Vacío del Tao al Vacío Cuántico: Un Puente al Porvenir.

María de Lourdes Lara Hernández

¨El Tao es fuente primaria cósmica de la que parte la creación,
pero nunca aparece como tal¨ (R. Wilhelm, 1988)

Uno de los primeros libros en los que leí, hace ya tiempo, una reflexión profunda sobre el vacío fue el Tao Te King de Lao Tsé. En su XI capítulo, una estrofa de este milenario filósofo concentró toda una teoría de la vida y del mundo:

“Treinta radios de rueda rodean el eje, del vacío depende el movimiento del carro. Se recoge barro y se moldea, del vacío depende la utilidad de la vasija.. Se instalan puertas y ventanas, para la cámara y del vacío interior depende su utilidad. Por ello lo que es, sirve de posesión, lo que no es sirve de obra ¨
(Tao Te King, III a.C.).

Aquella lectura me acompaña desde entonces como una reflexión permanente: el vacío (wu) no es carencia ni nada inerte, sino un espacio activo que permite que la forma cumpla su función, que la escucha genere la palabra y que la conciencia disponga de un margen para advenir.

Con los años he ido descubriendo que la física del siglo XX, por caminos completamente independientes (o quizás relacionados, quién sabe), llegó a una conclusión que me resulta hermanada con aquella lectura temprana. La energía de punto cero es la energía mínima que conserva un sistema cuántico incluso en el cero absoluto: por el principio de incertidumbre de Heisenberg, los campos nunca reposan del todo y el llamado “vacío” está atravesado por fluctuaciones permanentes. Ese vacío cuántico no es la nada; es un sustrato fluctuante desde el que emergen partículas virtuales y efectos medibles, como la fuerza de Casimir. Al igual que el hueco del eje sostiene el giro de la rueda, lo comprendo hoy con otras palabras: el vacío cuántico sostiene la posibilidad misma de que existan campos, materia y luz.

Ese paralelismo, para mí, se amplía todavía más a escala cósmica. Cerca del 95 % del contenido del universo no es materia ordinaria, sino materia oscura y energía oscura: la primera actúa como un andamiaje invisible que permite la formación y cohesión de las galaxias; la segunda impulsa la expansión acelerada del cosmos. Nada de ello se ve ni se toca, y sin embargo sin esa “potencia oscura”, parafraseando a Lao Tse, ese universo observable no se sostendría. La cosmología contemporánea reconoce, con lenguaje propio, lo que aquel viejo texto ya nombraba: lo manifiesto reposa sobre un fondo no manifiesto que lo hace posible. (Quizás Jung lo supo también cuando estudió el fenómeno de la
intuición. Según él, nacemos con intuición; una especie de saber o compresión de los fenómenos que experimentamos, sin que ningún tipo de lenguaje haya atravesado nuestra psique: existe, nos afecta, nos comunica y es atemporal, inconsciente).

No intento presentar esta convergencia entre el pensamiento taoísta y la física
contemporánea como una equivalencia literal, sino como un eco fértil que me interpela. Ambos discursos rehabilitan el vacío como principio generativo: la vasija sirve por su hueco, el átomo existe por sus fluctuaciones, la galaxia se sostiene por lo invisible. En el plano humano, la misma lógica opera. Lo he ido explorando en mi trabajo. Cuando la escucha activa exige silenciar el propio ruido para que la palabra del otro pueda alojarse, o cuando la conciencia requiere pausas, espacios sin juicios; para integrar experiencias y sentido. Investigar, educar, dialogar supone, entonces, cuidar tanto lo que se dice y se hace como los intersticios que dejamos abiertos para que algo nuevo ocurra.

Sumarme al Colectivo de la Energía de Punto Cero me invita al compromiso de no tratar de llenarlo todo, sino a confiar en la potencia de lo aún no dicho; de facilitar espacios para que respire el pensamiento, lo comunitario y el cosmos que habitamos.


29 de agosto del 2026


Response

  1. adrianagarrigalopez Avatar

    Lindo!

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