Por Marlene Duprey Colón
Sobre Un instante eterno: filosofía de la longevidad libro de Pascal Brukner, Editorial Siruela 2021 Pascal Bruckner nación en Francia en el 1948. Filósofo y escritor de obras de ficción y no ficción, es doctor en letras de la Universidad Paris VII. Perteneciente a la generación de los nacidos después de la segunda guerra mundial, los famosos baby boomers, la filosofía de la longevidad que nos presenta es luminosa, pero sin dejar de señalar las partes no tan alentadores de las modernas expectativas de prolongación de la vida. Mientras en el siglo XIX -nos dice- ser joven era un obstáculo para cualquier carrera profesional pues se valoraba la experiencia y había que parecer más viejo de lo que se era, en la actualidad es al revés. El presente rinde culto a la juventud, y la vejez es algo que se debe esconder de todas las formas posibles. Hoy, -expone Bruckner- “la madurez se percibe como un declive y la juventud como una promesa”.
El culto a la juventud se afianza en la cultura hippie de los años sesenta, cuando la crítica al viejo
orden mundial incluía una desconfianza por lo que pensaban la personas mayores. Un culto a la juventud,
que según el autor esconde una paradoja: "quienes lo suscriben pierden cada día su derecho a reclamarlo,
pues envejecen”. Solo se puede permanecer joven, si se muere en la juventud. Y, hay quienes han escrito
que esto sería lo mejor. Bruckner sitúa el 1945, en los años de posguerra como la frontera en la que la vida a dejado de ser breve, producto de los adelantos en la medicina que nos ha permitido vivir una generación
extra. En el plano subjetivo, sostiene que "el triunfo por evitar la senectud aparece cuando se cree que la edad ya no nos determina; que es una variable más”. Advenimos a una sensibilidad en la que "profesamos identidades y generaciones líquidas”. Ser más longevos ha permitido por primera vez en la historia "que cohabiten varias humanidades diacrónicas: "Podemos ser padres, abuelos, ancianos y deportistas a un mismo tiempo”. La ancianidad solo se piensa como esa etapa anterior al momento de morir.
Bruckner sostiene que uno de los efectos significativos del triunfo de la longevidad es que al cumplir
los cincuenta años los individuos ya se han convertido más o menos en lo que estaban destinados a ser.
Después de esa edad, la vida de la gente se vuelve una especie de ejercicio o de proeza por "perpetuarla,
influenciarla, enriquecerla o reinventarla". Esta me parece una propuesta muy sugerente, considerando que Bruckner proviene de una generación que ya a esa edad tenía eso que llaman una vida más o menos
resuelta, en el plano profesional, familiar y personal. Se trataba de una generación que vivió su juventud en
una época de garantías sociales e institucionales que se desdibujan -por no decir que desaparecen- en la
actualidad, para las generaciones nacidas después de los ochenta. Las generaciones más jóvenes en el
presente no necesariamente sentirán que a los cincuenta años llegaron a ser lo que "se es”. Digamos -a
modo de hipótesis- que los nacidos hacia el final del siglo XX, prolongarán la adolescencia y las subsiguientes etapas de madurez, en un tiempo marcado por mayor fluidez e incertidumbre en casi todos los ámbitos existenciales.
Para quienes ya a los cincuenta llegaron a ser lo que "se es”, podemos acoger la propuesta de
Bruckner de que ahora “la pregunta existencial es cómo hacer uso del sobrante de vida que nos es dado”.
Aunque precisa con agudeza sociológica que “la esperanza de buena salud se estanca” y que “vivimos más,
pero muchas veces de una vida ya agotada”. Agotada pues, conjuntamente con los adelantos médicos, se
viven retrocesos en la calidad de vida debido al conjunto de fenómenos vinculados a la mala alimentación, el
ajetreo cotidiano, la precariedad económica (a la que ha descendido la clase media), y las enfermedades
catastróficas . No se trataría entonces de cambiar la propia vida- argumenta Brucker- sino de preservar lo
mejor que se tiene de ella, apostando por una vejez y una longevidad más luminosa. “Mientras los cuerpos no
se conviertan en nuestros enemigos”- dice el autor- “las personas son inmortales por su capacidad de
renovarse”. Ahí está justamente el desafío y la incógnita de llegar a ser muy mayor: tener la suerte de que los cuerpos, incluyendo nuestras mentes, reduzcan las posibilidades de una buena vida. Más allá de estas
realidades, Bruckner insiste en que la mejor manera de sacar provecho a esos treinta años adicionales que la
vida nos regala (pone como expectativa de vida ochenta años) es sostener el apetito por descubrir,
experimentar y vivir plenamente. Es un fallo -añade- que haya "vidas apegadas a lo no realizado. A lo que podría haber sido y no fue”, pues siempre, aún a los ochenta, hay un tiempo oportuno para la buena vida. Por eso, mientras amemos y nos mantengamos creativos, seguiremos siendo inmortales, argumenta. Este es un
libro que adelanta una filosofía de la longevidad que invita a la determinación personal, para disfrutar al
máximo los años de la vida que van de la madurez a la vejez jubilosa. Energía del punto cero: disfrutar, no
empece lo contingentes que sean, las energías fluctuantes de los procesos vitales hasta que toque irse.
Comparte esta página

Leave a Reply