Madeline Román
En su libro Temblores criminológicos; dilemas sobre el castigo, el control social y la responsabilidad penal (2019), Ezequiel Konstenwein propone la posibilidad de un devenir abolicionista capaz de dejar a un lado el “saber criminológico mayor” al cual remiten la infinidad de manuales producidos al interior de dicha disciplina.
A la discusión de esta posibilidad, Ezequiel Konstenwein dedica las páginas de este excelente libro, nombrándola criminología menor.
Un uso menor de la criminología se centraría en el rastreo de los devenires criminológicos que escapan al saber criminológico oficialista.
Se trata de una labor que no aspira a ser legitimada por parte ‘de los centros ungidos de poder” (p.9) sino que busca para sí un centro de gravedad propio.
Para Konstenwein, este saber criminológico menor se produce en los intersticios de la disciplina a partir de las contribuciones de autores que no se nombran criminólogos: Friedrich Nietzsche, Guilles Deleuze y Felix Guattari, Michel Foucault, Gabriel Tarde, Louk Hulsman, Nils Christie, Thomas Mathiesen, por mencionar unos cuantos. Cada uno de estos autores, desde sus respectivos posicionamientos, fue construyendo un entramado de observaciones capaces de dar sentido a lo que, hoy por hoy, podemos denominar devenir abolicionista.
Este devenir ha venido alimentadose de ejes discursivos multiples entre los que privilegio “un claro y firme no al sistema carcelario” (p.180), una labor análitica que escapa a la filosofía del sujeto que nos entrampa en la llamada responsabilidad y/o libre albedrío del sujeto, decontextualizado de las relaciones siempre inestables entre el llamado sujeto y el social amplio, en aras de caer en cuenta de que “ni crimen, ni criminal, ni objeto, ni sujeto, sino proceso” (p.14) y que nos permita reapropiarnos de nuestros conflictos y pensarlos como pertenencia. Como está planteado en este texto, es preciso “considerar nuestras posibilidades de reapropiarnos de nuestros conflictos para no ver solo la mano que castiga sino a quien castiga.” (p.78)
Para este conjunto de autores, en tanto la prisión cumple la función de conservar lo establecido en la cultura, la batalla por la abolición de la prisión debe librarse dentro de la cultura misma.
En el corazón del devenir abolicionista encontramos la pregunta sobre el castigo, sobre el lugar que ocupa el dolor en el derecho penal como sistema de crueldad, y la necesidad de abandonar el bien y el mal como ejes trascendentales de evaluación para arribar a una ética de la inmanencia “no digerible para el sistema penal”, capaz de instarnos a ponderar de “qué valoraciones debemos ser capaces para alcanzar determinados valores no punitivos”. (p.205)
Este no es un libro de criminología sino un libro-devenir desde el llamado abolicionista.
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